Contexto macroeconómico: Logros sólidos pero insuficientes
La administración de Joe Biden enfrentó enormes desafíos económicos, como los efectos de la pandemia
de 2020 y la crisis energética desencadenada por la invasión rusa a Ucrania en 2022. A pesar de ello, los datos globales reflejan una gestión económica vigorosa. Estados Unidos lideró la recuperación post-pandémica entre los países del G7, con un crecimiento promedio del PIB del 3.2% anual durante los últimos cuatro años. Además, el desempleo se mantuvo en mínimos históricos, alcanzando su nivel más bajo en 54 años en 2023, mientras que la inflación interanual se redujo al 2.4%, cerca del objetivo del 2%.
Sin embargo, estos logros no se tradujeron en una percepción de bienestar generalizado. Muchos estadounidenses continúan sintiendo que su situación económica ha empeorado, especialmente al comparar sus experiencias actuales con las del periodo previo a 2020. Samuel Negrón, un residente de Pensilvania, expresa esta frustración al señalar que los precios básicos, como el de los huevos, han subido de $1 a $5. Experiencias como la de Samuel reflejan una percepción de que la economía familiar está bajo presión, independientemente de los logros macroeconómicos.
La desconexión entre las cifras y la realidad cotidiana
El problema radica en cómo se perciben y distribuyen los beneficios económicos. Aunque los salarios han crecido en términos generales, la inflación acumulada del 20% desde el inicio de la pandemia ha dejado una huella en el costo de vida. La mayoría de los bienes y servicios son significativamente más caros que antes, y solo un 6% de los productos monitoreados por la Oficina de Estadísticas Laborales tiene precios más bajos que en 2020.
El economista Don Leonard explica que las cifras promedio ocultan desigualdades fundamentales. Los hogares de menores ingresos, que dedican una mayor proporción de sus ingresos a necesidades básicas como alimentos, vivienda y salud, sienten un impacto mucho más profundo por el aumento de los precios. Aunque las políticas gubernamentales han ayudado a muchos, una gran parte de la población queda fuera de los programas de asistencia y enfrenta dificultades económicas reales.
El poder de la narrativa en campaña
Trump supo aprovechar esta percepción de malestar. Su mensaje fue claro y directo: las cosas estaban mejor hace cuatro años. Al dirigirse directamente a las preocupaciones económicas del votante promedio, especialmente aquellos con ingresos entre $30,000 y $49,000 al año, logró conectar con un electorado que sentía que su calidad de vida se había deteriorado. En este segmento, Trump obtuvo una ventaja significativa sobre Kamala Harris, su principal oponente.
Por el contrario, los demócratas enfrentaron dificultades para comunicar sus logros económicos de manera que resonaran emocionalmente con los votantes. La campaña se centró en los indicadores macroeconómicos sin abordar adecuadamente las preocupaciones diarias de los ciudadanos, lo que dejó espacio para que el discurso de Trump dominara el debate económico.
El rol de las tasas de interés y el crédito
Un factor que complicó aún más la percepción económica fue la política de la Reserva Federal. Para combatir el pico inflacionario del 9.1% en junio de 2022, el banco central elevó agresivamente las tasas de interés. Aunque esta estrategia logró reducir la inflación a niveles moderados, también encareció el crédito, afectando a una población acostumbrada a financiar bienes y servicios a través de préstamos.
Las altas tasas de interés impactaron especialmente a los compradores de vivienda, automóviles y a quienes dependen de tarjetas de crédito para gastos cotidianos. Aunque las tasas comenzaron a bajar justo antes de las elecciones, los votantes aún no sentían el alivio financiero.
¿Es un problema de percepción o realidad?
Si bien algunos analistas demócratas argumentan que el malestar económico es una cuestión de percepción, Leonard señala que las dificultades son reales para millones de familias. Estos hogares, que no califican para asistencia gubernamental, están atrapados en una zona gris: no suficientemente pobres para recibir ayudas, pero tampoco suficientemente acomodados para afrontar cómodamente el aumento del costo de vida.
Esta desconexión es clave para entender por qué los números macroeconómicos no se tradujeron en apoyo electoral. A medida que los precios se mantienen altos, los votantes buscan un cambio que prometa alivio inmediato en sus finanzas personales.
Lecciones para el futuro
El resultado de estas elecciones destaca la importancia de equilibrar los logros macroeconómicos con medidas que tengan un impacto visible en la economía familiar. Los políticos deben ir más allá de los números y abordar las preocupaciones tangibles de los votantes. Además, una narrativa clara y empática que conecte con las experiencias personales puede marcar la diferencia en un panorama político cada vez más polarizado.
El mensaje es claro: no basta con una economía sólida en papel. Para ganar el apoyo del electorado, es crucial que las políticas económicas también mejoren la vida diaria de las personas. Estas elecciones fueron un recordatorio contundente de que, en política, la percepción es tan importante como la realidad.
En el siguiente vídeo podemos ver un poco del discurso que dio Trump tras proclamarse ganador de las elecciones estadounidenses:
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